Ayer me levanté -como todos los días- a las 4:40 AM.
Mi primer destino -también, como todos los días- fue el baño. Me puse mis chanclas, prendí la luz, abrí la llave del agua caliente de la regadera y -no como todos los días- me encontré un hermoso mensaje pintado en una de las 4 paredes del baño.
No reproduzco el mensaje porque al lector de este blog no le importaría leer qué me escribió mi compañera de vida o no le importará como me importa a mí.
Son inyecciones de vida que van directamente al corazón, al alma. Son detalles que inevitablemente hacen que sientas un nudo en el estómago.
Hay cosas, como dice el famoso comercial, que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, están las personas que hacen que la vida sea hermosa.
Mi primer destino -también, como todos los días- fue el baño. Me puse mis chanclas, prendí la luz, abrí la llave del agua caliente de la regadera y -no como todos los días- me encontré un hermoso mensaje pintado en una de las 4 paredes del baño.
No reproduzco el mensaje porque al lector de este blog no le importaría leer qué me escribió mi compañera de vida o no le importará como me importa a mí.
Son inyecciones de vida que van directamente al corazón, al alma. Son detalles que inevitablemente hacen que sientas un nudo en el estómago.
Hay cosas, como dice el famoso comercial, que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, están las personas que hacen que la vida sea hermosa.

