El sábado asistí a la boda del primo de mi prometida.
Padre, así calificaría el evento.
Hubo momentos dignos de recordar, como el vals por ejemplo.
Debo reconocer que nunca antes había probado un menú tan chingón, tan rico, delicioso.
Siete tiempos, desde camarones hasta tacos al pastor.
Volviendo al vals, en un momento sentí muchas ganas de llorar. Me emocionaba tanto pensar que en unos meses estaré en ese mismo lugar, debe ser un momento único.
El grupo fue Arrebato, sin duda el mejor de Puebla. Al final de la noche un chavo que cantaba en La Academia acompañó el show junto con varias -muchas- copas de Torres 10.
De lujo.
***
