martes 10 de noviembre de 2009

¿Cómo reconocerlos?

Muy pocos, decía mi padre, muy pocos son tus verdaderos amigos.

¿Cómo identificarlos?

La vida pone ante ti miles y miles de personas, cientos a diario. Cómo saber quién puede aportar a tu vida algo positivo. Es muy difícil.

Es muy complicado -creo yo- distinguir a un amigo de un cuate, muchos pueden estar a un paso de lograr el grado de amigo, justo cuando están en momentos que hacen de esos instantes algo especial.

Como cuando Javier -un amigo universitario- me grabó vestido de Tigger visitando la universidad de mi ahora esposa para entregarle un regalo. Ese detalle lo guardo en mi corazón, como algo grande, muy.

Como cuando Toluca -un amigo preparatoriano- me cobijó cuando "me escapé" un día de mi casa por mis malas calificaciones. Fui a su casa, en camión, escuchando su sermón. Ese detalle lo guardo en mi corazón, como muchas otras "pequeñas cosas" -dijera Carlos Varela- que ha hecho desde hace 10 años.

Como cuando Huerco -amigo preparatoriano- vino a mi boda desde Chihuahua. Esos pequeños detalles se acumulan en el corazón. Se pueden sentir. Como cuando Dani -amigo de trabajo- me escucha, aconseja y enseña. Como cuando Moga me mandó un mensaje unas horas antes de casarme. Como Juan Carlos besándome en mi despedida que él organizó.

Hay tantos detalles que podría contar que me emocionan.

No sé si soy buen amigo, pero sé que por muchos de mis camaradas haría muchas cosas, me preocupan y me ocupan. Me alegra verlos felices, enamorados, entusiasmados. No puedo y no podría decirles que son mis amigos sólo de palabra, no sirve. Lo importante es que lo sienten, eso es lo que verdaderamente importa.

Un amigo no amenaza, no pretende vivir una vida que no le toca. Un amigo no te cobra las facturas de los pagarés que firmaste por confiar en él.

Una amistad es una bendición, más allá de las parrandas.

***