Cada fin de semana que pasa se me hace muy corto, demasiado. Durante este último fin vi perder al equipo de mi hijo 5-1, festejé el triunfo del América porque después de dos años regresa a la liguilla, compramos unas playeras en Palacio de Hierro, comimos tacos árables y al pastor en Angelópolis el domingo, pizza el viernes. Fuí al Zócalo para escuchar desde muy lejos a Ximena Sariñana, tomé 4 cervezas y unas papas a la francesa con mi esposa, vimos Quisiera ser millonario y Camino a la Felicidad, compramos el regalo para el Baby Shower de mi cuñada y sobrinita, vi perder al Puebla 4-0 contra el Cruz Azul, gané dos peleas en el PSP de mi pequeño, barrí la entrada de la casa y parte de la sala, visité la tumba de mi tía Chica después de unos 3 meses, "cooperé" con la alcancía de mi suegro con $1 (si coopero es de los dos, espero entienda el mensaje jajaja), terminé de tender la cama el domingo, programé un viaje con mi mamá, leí casi 100 páginas de A Sangre Fría, maté una araña, me reí como loco jugando luchas de besos en el cuello con Cynthia, vi fragmentos de Pinocho, saqué a tender las toallas, presumí cómo porterea mi primogénito, lloré cuando me bañaba porque a veces no valoro lo que tengo, encontré una bufanda y lo mejor: me vi hasta el último de mis días con mi esposa.
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