Aún recuerdo la navidad con todos mis tíos y primos. Aún estaba entre nosotros mi Tía Chica, la tía que más amo. Un día mis tíos la dejaron de visitar y al final casi pasaba las navidades sola con Don Toño, su eterno novio.
Algunos pasábamos "de rapidito" a felicitarla y a recoger el regalo que jamás faltó en su árbol. Tenía poco dinero, pero lo gastaba todo en dar, en brindarse. Recuerdo que me sentía obligado a cantar y a arrullar al niño Dios, jamás me gustó, lo confieso.
Ahora que no está, los hermanos de mi papá -incluido éste- han comprendido el sacrificio que hacía su hermana, la más grande. Planean reunirse para despedirse de la casa que los vio crecer. La venderán. Me duele recordarlo porque yo también me alejé, me olvidé de esas navidades tal y como lo hicieron todos.
Esta navidad será distinta. Estarán todos mis tíos en la casa de mi Tía Chica que los verá desde el cielo. Trataré de estar, sin duda.
Carajo, tía, no sabes cómo extraño tus tortas de pierna con salsa verde. Carajo, cómo te extraño a ti. Te daría gusto ver mi casa y a mi nueva familia. Te cumplí: sigo viendo a Ray, he bailado y me casé con Cynthia.
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