Este es mi post número 300.
Muchas veces he pensado en abandonar este blog, muchas.
He recibido reclamos, cartas aclaratorias, mentadas, felicitaciones, críticas, sonrisas, peticiones, ofensas, injurias y demás intentos de molestar.
Todos, bien recibidos.
He tecleado algunos posts sin ninguna intención de ofender, a veces sí. Es el beneficio del internet: la libertad y la impunidad total. A este humilde espacio han llegado personas que jamás imaginé. A muchos y muchas les ha molestado lo publicado, "les ha llegado".
Decidí hacer el blog por sugerencia de mi hermano. Me propuse escribir diario y casi lo he logrado. Muchas veces -la mayoría- no tengo qué contar. Ya lo habrá notado el lector de este espacio.
Debo confesar mi adicción a la buena redacción. Desde el primer post hasta el del día de hoy puede notarse una notoria mejoría. No podría ser de otra forma, trabajo con los mejores periodistas de Puebla y en cada minuto que estoy con ellos les aprendo mucho, muchísimo.
Más de una vez escribí con el hígado. Más de dos con el corazón.
Muchas veces he tecleado sobre personas enanas que no valen la pena. Me comprometo: No volverá a pasar. Cada quién sabe -o se supone que sabe- lo que aporta a la vida.
Pues aquí seguimos, y seguiremos mientras exista el internet.
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Ayer nos invitaron a la fiesta de cumpleaños de un compañero de salón de mi hijo.
La cita fue en el Peter Piper Pizza.
Qué extraño me resulta aún estar en mi papel de papá.
Cuánta seriedad, chingao.
Al final del convivio, nos la pasamos muy bien.
¿Cuándo crecí?
¿Crecí?
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"Al fin me sorprendió la magia en las cosas pequeñas.
La vida me enseñó que la grandeza está en el corazón".
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