lunes 12 de abril de 2010

Amor de juventud

Este fin de semana leía Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco cuando recordé un amor de la juventud.

Iba en primero de prepa en la Upaep cuando noté que me encontraba enamorado de una maestra que jamás me había dado clases, creo que era la psicóloga de la institución.

Fue "amor a primera vista" dirían algunos.

Decidí declararle mi amor. Tendría unos 15 años, calculo.

Entré por la puerta y me dijo amablemente "siéntate, dime qué ocurre"

-Maestra, bueno, este... estoy enamorado de usted.
-Pero cómo... (junto con una cara de sorpresa)
-Sí, estoy enamorado de usted, no pregunte por qué

Después de una breve explicación, terminó diciéndome que podría ser mi mamá.

Pero no me rendí. Yo sentía que ella podría andar conmigo.

Pendejamente imaginé que se enamoraría de mi: un chamaco calenturiento que usaba traje (así lo indicaba el reglamento) y que pretendía ganarse su amor con paletas Tutsi Pop.

Al otro día volví, sí, amigos lectores, volví con todas mis ganas de conquistarla.

En la mano una paleta, en mi estómago miles de mariposas revoloteando.

"No lo vuelvas a hacer" me dijo. Y por su cara, decidí jamás volver a esa vieja oficina del viejo edificio de la prepa Upaep.

Nunca entenderé por qué me enamoré de la psicóloga. Será que la prepa era de puros hombres; será que me gustaba su cabello, como diría Delgadillo, negro como noches; será que su pantalón ajustado era lo más cercano a tener una mujer desnuda; será que en esos tiempos me gustaban todas las mujeres.

Lo cierto es que -sin temor a equivocarme- tenía razón: era muy grande para mi.

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