Cuando salva a su equipo de algún gol con una atajada, se siente algo en el pecho. Pareciera que yo soy el arquero del Colegio Mundial. Cuando los papás del equipo gritan "portero, portero, portero" o me dicen "qué haríamos sin Gus" se siente algo en la mitad del pecho. Cuando me da su boleta con con puro diez -y uno o dos nueves- se siente algo en el pecho. Cuando me dice "te amo" se siente algo en el pecho. Cuando le meten gol y veo su carita de enojo o de tristeza se siente -también- algo en el pecho. Cuando me promete un Mini Cooper dentro de 17 años, para variar, se siente algo en el pecho...
Son esas pequeñas cosas que hacen la vida valga aún más la pena.
Cuando mi hijo me dice -ayer- que lo eligieron para ir a representar a la escuela en un examen a la Sep, que le pareció fácil, muy fácil y que -además- fue el primero en acabar... sí, se siente algo en el pecho. El orgullo de ser el padre de ese pequeño, pues.
Gracias hijo, ha sido de los mejores momentos en mi vida, si no es que el mejor.
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Permítame el lector de mi blog este arrebato tan necesario para mi corazón a un día de mi cumpleaños.
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