Necesitas tomar un pequeño descanso. Decirle a las personas que amas cuánto las amas más seguido. Reírte por 10 minutos sin parar, hasta que te duela el estómago. Ir al cine y tomar a tu pareja de la mano, a la mitad de la película debes abrazarla, como cuando eran novios ¿ya no te acuerdas cómo lo disfrutabas?
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Debes jugar más, mucho más con tu hijo, como cuando no vivían juntos. ¿Por qué ya no seguiste el tratamiento que te mandó el terapéuta? ¿Ya ni Dalay? Recuerda que el estrés laboral no sólo te daña a ti, también a los que te rodean.
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Te convertiste en lo que tanto odiabas, ahora eres un esclavo del trabajo. Aunque amas lo que haces -y harás- te olvidas de lo realmente importante en la vida.
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No te entiendo, tú mismo hablas de cosas y haces otras. Te invito a hacer una reflexión, una verdadera reflexión.
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Ya me estás cansando, y no sólo a mí, que es peor.
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¿Qué te espera -les espera- en los próximos años?
¿Qué odiabas? Que tu papá estuviera enojado y no hablara a la hora de la comida. Lo detestabas ¿no? Y ahora actúas igual. Carajo, no todo es trabajo y negocios. Antes eras otro , con lo que hicieras, donde estuvieras te divertías. Te reías de la vida. Eras feliz, pues.
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Te voy a estar vigilando todo el fin de semana. Si no haces algo tendrás problemas.
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Al tiempo.
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Atte.
El que ves a diario en el espejo.