miércoles 28 de julio de 2010

Cuando se despertó...

Cuando se despertó, ya no podría moverla.

Era un día como todos para ella.
Despertó para ir a trabajar.
Se bañó con agua tibia porque no alcanza para comprar un calentador de gas y la leña no siempre es suficiente para todos los que viven en su pequeña y modesta casa.
Se puso una de las dos faldas que tiene, una blusa que ella misma hizo y sus únicos zapatos de plástico que le costaron $20 en el mercado.
Desayunó lo mismo que el díá anterior y todos los meses: frijolitos con dos tortillas.
Ya no alcanzó para el huevo porque "hay que mandar a los nietos a estudiar".
Justo cuando iba a probar el primer bocado notó algo extraño en su rostro, no podía abrir la boca bien.
Fue a mirarse a su pequeño espejo en su pequeño baño de su pequeña casa.
Notó que tenía la mitad de la cara paralizada.
Luego vinieron los dolores.
Salió de su casa, tomó el camión y llegó a trabajar.
Hizo todo lo que tenía que hacer y después fue a consulta en el Seguro.
La trataron como siempre: mal.
La recetaron y le dieron medicinas que jamás podría comprar porque destina casi todo su salario para que sus nietos e hijos coman, estudien y se vistan.
Al otro día también se despertó para ir a trabajar a pesar de los dolores porque su empleo es prioridad.


La "regresaron" a su casa porque la salud es primero.
Su dinero y trabajo están seguros.

Hoy despertó y su preocupación fue sólo una: recuperarse.

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