Hace ya algunos meses que dejé de sentir miedo.
Desperté un día -como todos- y miré a mi alrededor.
No dejé -no dejo- de sentirme un afortunado.
¿Qué más le puedo pedir a la vida? me pregunté.
¿Durará esta felicidad para siempre? volví a preguntarme.
Después la abracé y pensé "te amo, hermosa".
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Perdone el lector de este blog este pequeño arrebato en lunes.
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