martes 3 de agosto de 2010

Días felices y duros

Hoy será la primera tarde que no comeré con mi esposa.

En la mesa habrá dos platos: el de mi hijo y el mío.

A pesar de que se sentirá un gran vacío estaremos contentos porque nuestra princesa inicia una nueva etapa como profesionista.

A su corta edad cuenta con una maestría, habla dos idiomas -además del español- y es muy inteligente. Cómo no dejar que desarrolle aunque su amor por su esposo e hijo la hacían dudar.

Hoy fue su primer día y seguramente, otra vez, se me llenarán los ojos de lágrimas por no verla abajo esperándome o en la casa. Somos un equipo, siempre lo hemos dicho. Y si uno triunfa, triunfamos los tres.

Que así sea, hermosa.

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Desde que inicié a teclear en este blog siempre tuve en mente "subir" cosas que me pasaran con la intención de no mezclar sentimientos.

Me ha sido imposible.

Hay veces en las que me siento frente a la computadora y no encuentro sobre qué escribir. Algunos temas, estoy seguro, le resultarán al lector aburridos porque no tienen una relación cercana con el que esto escribe.

En otras ocaciones termino de escribir, leo y siento que ha sido un gran post.

No siempre, claro.

Alguna vez, una nueva amiga me dijo que escribir ayuda a liberar lo que sentimos.

Coincido, no del todo, pero coincido.

Habrá que seguir publicando porque ya viene el post 400.

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