miércoles 11 de agosto de 2010

Aniversario


Sé que si digo que "casi de inmediato, desde el primer día que la vi ya no podía vivir sin ella" sonaría a mentira, pero como dice Juan Gabriel: así fue.

El día que decidió decirme "sí, sí quiero ser tu novia" la historia se partió en dos. Como diría mi amigo Víctor Ábrego: "eres en mi vida lo que Jesús para la historia, no quien la redime, sino quien la parte en dos".

No, imposible verme con otra mujer. Sé que nací para amarla, estoy seguro. De pocas, poquísimas cosas puedo estar seguro. Una de esas cosas es que la amo.

Es un amor que sale natural, brota de los poros cada vez que despierta a mi lado. Ese amor que piedes que sea para siempre porque el escucharla decir tu nombre es música. Hablo de un amor que no puede cuantificarse, ni explicarse.

De ese amor es el nuestro. Del que Dios brindó a hombre como un don y no para andar repartiendo. Sincero, fuerte, irrompible y siempre creciente. Del que a pesar del tiempo se mantiene intacto, del que verá a sus nietos porque envejecerá sólo en los rostros y no en el corazón.

Sólo había una forma de consolidar mi amor con Cynthia Huguet: casándonos y prometiendo que nos amaremos "para toda la vida".

Que así sea, pues, a 4 días de cumplir un año de mi boda religiosa. Sin duda, la mejor aventura de mi vida.

Vengan, también, muchos, pero muchísimos años más.

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