No cabe duda, el amor más puro, sincero e incondicional debe ser el que le tiene un padre -o madre- a su hijo.
El amor a la esposa, también, debe ser incondicional. Claro, cuando es verdadero.
¿Cómo se distingue al amor de tu vida, el verdadero, pues?
Fácil. El corazón no admite pretextos para no pensar en esa persona. Es necesaria para ser feliz, nada más. No es egoísmo como pretenden venderlo muchos "expertos" que escriben sobre el corazón.
El amor hay que vivirlo y sufrirlo. No puede ser de otra manera porque es un don. El más grande de los dones recibidos por el hombre.
No hay una forma de describir al amor, pero se siente y cuando se siente ya no importa intentar explicar qué es o cómo se siente.
Es magia, mucho más impresionante que la que David Copperfield hace en Las Vegas. Ni más, ni menos.
El amor también debe tener riesgos y hay que tomarlos porque no habrá otra vida para entregar el corazón.
Dios bendiga al amor.
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Te amo, Chini.