¿Qué me falta?
Nada.
Reviso mis bolsillos del jeans Levi´s 527 que uso y encuentro mi cartera Mont Blanc, mi Black Berry, una memoria usb y mi Nextel que va ahí porque el clip está en el auto que estrenamos hace casi un mes y que ya tiene más de mil kilómetros recorridos. Pienso en que tengo que pensar en cómo escaparme a la peluquería porque no soporto tener el cabello un poco largo. Quisiera tener la calma para manejar sin el estrés que me provocan los conductores siempre tan criticados por este tecleador que piensa que si "todos manejaran como yo, la ciudad sería otra, al igual que las calles". Me considero un buen conductor, muy bueno me atrevería a decir. Me costó trabajo aprender a manejar como lo hago ahora, amigos de la prepa me ayudaron prestándome sus autos sin mayor condición que la de ir juntos a todas partes. Nada me preocupaba entonces, ni siquiera chocar, sólo estaba en mi mente el no llegar tarde a casa porque quería evitar a toda costa un regaño por parte de mi padre que me acaba de regalar una pluma Mont Blanc junto con un lapicero que mi mamá "me robó" como yo le robé cientos de cambios cuando me pedía ir a la tienda y cuando no, también. Pretendo pasar un fin de semana increíble con mi familia porque debo de regresarles un poco de la mucha felicidad que me dan sin siquiera notarlo, no trabajo 1 y 2 de noviembre como lo he hecho los últimos 4 años como empleado de la mejor empresa de periodismo en Puebla. El lector pensará "exagera", pero no, y es válido que emita un juicio así cuando no viven y aprenden lo que yo a diario. Visto, como dice Juanes en su canción, una camisa negra que me regaló mi esposa que muero por ver al llegar a casa aunque tenga gripa. Sus besos tan necesarios, como necesario es cumplir mis sueños. Hora de dejar de teclear.