martes 30 de noviembre de 2010

Así fue

Cuando desperté ya estaba en ese lugar.
Dicen que fueron 9 meses de espera, pero fueron más. No tengo la fecha exacta. Los elegí sin saber que los haría preocuparse mucho por mí; los elegí sin saber que los lastimaría a pesar de que me aman en toda la extensión de la palabra.
¿Qué habrán pensado mis padres cuando me vieron por primera vez? Tal vez que me parecía a un chango o tal vez dijeron "qué bonito" porque el amor de padre o madre entorpece la vista, nubla la visión, pues.
Nunca, de niño, entendí, porque el amor de mis padres entorpeció mi vista, el sacrificio que hicieron para formar a este tecleador que sigue sin ser totalmente agradecido por los años de amor y formación.
Cuando desperté ya estaba en una cuna del Hospital Guadalupe de Puebla. Más de dos personas le advirtieron a mi mamá que su hijo, osea yo, podía salir mal por una infección de tifoidea que mi madre sufrió. Otros, los más dramáticos, le sugierieron a los jóvenes padres que mejor abortaran, sí, "que abortaran" porque era una decisión de dos.
Optaron por la fe.
El lector ya sabe el resultado.

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