Dicen -y dicen bien- que en el corazón no se manda, es imposible, pues.
De niños, mi hermano y yo, dividíamos nuestro corazón en 4 partes: un cuarto para mi papá, otro para mi mamá, uno más para la familia -tíos, primos, abuelos- y el último pedazo para los amigos y conocidos.
Siempre puse a mi mamá en el pedazo más grande.
Hoy, la historia cambió como cambia cuando creces.
Mi corazón se dividió en 2 partes: mi esposa y mi hijo, es decir, mi familia y en el otro todos los demás. Carajo, cómo amo mi vida, justo la que me tocó vivir.
Qué sería de mi vida sin Huguet y su amor, su enorme amor. Qué sería de mí sin Gus con esa luz en su risa.
En el corazón no se manda, y mi corazón ha decidido amar, por sobretodo, a Huguet y a Gus.
Que Dios bendiga el amor.
***
Otra vez, amanecí enamorado.
***