viernes 24 de diciembre de 2010

Noche buena...

En el parque de la Medalla Milagrosa, donde viví 25 de mis 27 años, no importaban las creencias religiosas o dónde estudiabas o si tu papá era médico o desempleado. Debo haber pasado más horas jugando en las canchas de basket con mis otrora amigos que estudiando para mis exámenes de secundaria.

De mis amigos y cómplices de es etapa de mi vida mucho recuerdo, pero poco sé. Del "chipotes" y de "Romario" no sé nada. Del "carnitas" sólo sé que se casó con su vecina, la embarazó y lo cazaron -con z-, también supe que entró a trabajar a la VW pero sus pocos estudios hicieron que saliera a los pocos meses de haber ingresado a la armadora.

Creo que tecleo un poco sobre mis cuates de la juventud, porque no eran mis amigos, para evitar mencionar que este será el primer año en el que en casa de mis abuelos no habrá navidad. Me dormí con alevosía los últimos años de mi niñez, no me gustaba "acostar" al Niño Dios. Me aburría, pues. Después conocí a mi esposa y su casa se convirtió en la mía.

Hoy ya no puedo volver el tiempo atrás. Ya no hay familia en casa de mis abuelos para el 24 de Diciembre. El tiempo ubicó a cada uno en otros lugares y con otras personas. Debo entender que eso pasa en algunas familias, o por lo menos quiero pensarlo para evitar escribir que esto le pasó a los Delgado.

Y no lloro porque sería faltarle al respeto a las muchas noches en que reímos a carcajadas, en las que los intercambios de regalo unían a los hermanos y sobrinos que jamás imaginaron que un día se acabaría esa fiesta. Hoy tendré dos cenas: con mis padres y otra con la familia de mi esposa.

A las dos asistiré porque es mi obligación como hijo y como esposo, yerno y padre.

Nisiquiera sé por qué estoy escribiendo hoy, cuando debería estar acostado. Tal vez es la necesidad de decirle por medio de este blog a mis abuelos que me acuerdo de la Noche Buena en su casa. Tal vez porque quiero justificar mi ausencia los últimos años cuando todavía vivía mi Tía Chica.

Sólo sé que esta noche repartiré abrazos, muchos, porque no sé si la próxima navidad tendré a los asistentes a la cenas para poder abrazarlos.

Un post improvisado, muy improvisado.

+++

jueves 16 de diciembre de 2010

Llegó la Navidad

No sé por qué mi familia dejó de "juntarse" para las fiestas de Navidad. De niño, siempre esperaba esa fecha para poder ver a mis primos y jugar con los regalos que dejaban mis tías debajo del siempre pequeño árbol de navidad.

Siempre me dejaban algo, aunque ya tuviera 18 años iba porque los reyes se acordaban de mí. Qué lejos están aquellos tiempos, cómo los extraño. Casi como extraño a mi Tía Chica, la responsable de que las fiestas, cada vez más vacías, se siguieran haciendo. Dios y el destino decidieron que ya era hora de que tenía que partir, su misión -dicen- estaba cumplida.

Justo ahora que no está, es cuando más la recuerdan. Como siempre escribo y digo: es naturaleza humana. Hoy mi tiempo navideño lo empeño en pensar qué le traerán los reyes magos a mi hijo que hace que las vacaciones valgan la pena de verdad. Caray, hasta a él le tocaron decenas de regalos de "Chica". La recuerda, no con claridad porque aún era muy pequeño. Era uno de sus consentidos, como yo.

Un día me enamoré de mi hoy esposa y desde hace 9 años abandoné las cenas de la familia Delgado para sumarme a las de la familia Jiménez. No culpo a los demás tíos y primos de no ir ya a casa de mis abuelos, sería incongruente hacerlo. "Uno va a donde se siente feliz" alguna vez le comenté a otra de mis tías, pero no es "tan" textual. En el momento en el que escribo este post pienso en que quisiera una, sólo una navidad más con mi Tía Chica, con mis abuelos, con mis padres y primos.

Nunca escuché con atención a mi abuelo paterno, hoy daría casi todo por oírlo hablar o por ver bailar a mi tía. El tiempo se acaba y se va sin que nos demos cuenta, es la ley de la vida. No hay un manual para entenderla, sólo la madurez puede enseñarnos por qué estamos aquí y para qué, que es aún más importante.

Tal vez para no pensar en esos tiempos de mi niñez siempre quiero ver el árbol de mi casa prendido, sintiendo que mi hogar es todo lo que pedí en mi infancia porque así es, no podía verme en mejor compañía. Cómo quisiera que mis familiares que se adelantaron me vieran hoy, sé que lo hacen desde muy arriba, pero sólo puedo creérmelo porque mi fe me ciega a hacerlo.

No sólo cada año que termina es una oportunidad para hacer un análisis y jurar que "seremos otros", por lo menos no para mí. Ese análisis debe hacerse diario con una sola intención: mejorar.

Si la vida fuera más fácil, no tendría tanto chiste vivir. No sería tan divertida, pues. La vida con los obstáculos debe entenderse como una oportunidad para derrotarlos, esa es la misión de todo hombre que hace, no debe haber pretextos.

Los pretextos son para los perdedores, y esos no lograron nacer. El nacer, por naturaleza, es un triunfo.

martes 7 de diciembre de 2010

Teletón

Dejando de lado la controversia de que si el Teletón es un negocio para la televisora más poderosa de México, que si las empresas que cooperan lo hacen por pagar menos impuestos, que si lo hacen por quedar bien y no de corazón, creo que las historias que presentan -sí, con todo y drama tipo Mujer Casos de la Vida Real- sirven para reflexionar: y nosotros que tenemos todo, ¿por qué no damos todo cada día?.

No me importa si es un circo montado por Televisa, sé que hay mamás que tienen hijos con discapacidades, que no tienen dinero y que aún así le echan huevos a la vida.

Carajo, mi reconocimiento a las familias, con recursos y sin recursos, que aman y sacan adelante a sus pequeños.

Me pongo de pié, chingao.

viernes 3 de diciembre de 2010

Yo quiero, yo

Quiero una semana en la playa, con mi familia, sin Nextel, sin BlackBerry, sin computadora, sin mi reloj que tanto me gusta. Quiero que el viento me pegue en la cara, que de tanto sol me duela reírme de la alegría que me causa estar vivo.

Quiero dormir y despertar hasta que mi cuerpo tenga ganas de correr tan duro y rápido que sienta que vuelo, no sé qué sensación sea esa de estar "caminando en el aire", pero quiero tener las ganas y pensar que lo hago.

Quiero poner el cariño que le tengo a mi esposa en una caja de regalo y regalárselo para que jamás tenga dudas sobre mi amor incondicional pocas veces demostrado.

Quiero una memoria usb con todos los recuerdos que he olvidado, quiero agradecerle a mis amigos y no amigos el hombre que han formado. Quiero borrar de mi cerebro todas esas ideas y miedos que me impiden ser el mejor ser humano.

Quiero ser libre, pero no sólo en cuerpo, también en mente y corazón.

Quiero, pero cuándo me atreveré...

***

jueves 2 de diciembre de 2010

¿Cómo será?

No quisiera saberlo ahora, pero me pregunto cómo será cerrar los ojos para siempre, cuando ya no volverás a despertar en tu cama para volver a abrazar a las personas que amas o para comer tu platillo favorito.

¿Qué nos espera?

Este día JAMÁS se volverá a repetir.

***