Todos -los que nacimos en los años 80- recordamos qué hacíamos cuando mataron al candidato priista Luis Donaldo Colosio.
En mi casa no veíamos la tele ese 23 de marzo. Había fallecido el padre de mi padre. Nadie, ni mis tíos o primos, tenían ganas de ver las noticias o algún partido de futbol.
Yo no entendía de pérdidas humanas, tenía a penas 11 años. Mi única preocupación era jugar y -según- estudiar.
Si no entendía de pérdidas humanas, mucho menos de política. No supe que ese día se dio un golpe, de esos que dañan severamente, a la democracia en México. Una prueba más de que la impunidad es la verdadera dueña de la política en el país.
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