Ayer pensé que me enteraría -de forma oficial- del segundo embarazo de mi esposa.
No fue así.
La prueba casera, comprada en la Farmacias del Ahorro, dijo al emocionado padre que las sospechas se quedaron en eso: en sospechas.
Nadie lo esperaba tanto como yo. No es el momento y tal vez nunca lo será porque no está escrito en los planes que tiene para mi familia alguien muy poderoso y que observa todo desde arriba.
Lo acepto porque mi fe me hace hacerlo, porque creo en mi fe.
Si llega o no llega, bienvenido, pequeño (a).
Será para la próxima, ni modo.