He regresado a la lectura (de libros, porque periódicos leo más de diez todos los días), a la mágica e incomparable lectura. Ésa que te hace ir a lugares que tal vez no existen, ésa que te hace mejorar -inevitablemente- tu redacción y ortografía, ésa que te hace reír o casi llorar con letras, con nada más que letras. Ésa que en familia es mejor.
Revisaba con mi pequeño hijo el fin de semana cuántos libros ya había leído. Siete, sí, cuando el promedio en México es de 2 libros por habitante (y es mucho, creo). Un sábado nos encontrábamos leyendo en la sala, juntos (como no podremos estarlo toda la vida), a un lado del Xbox que tuvo que esperar algunos días para compartir algunos minutos con nosotros.
El Xbox divierte, entretiene. El libro, como el Red Bull, te da alas.
De algo estoy seguro: la llegada de libros a la casa, de ahora en adelante, no parará.
Es una promesa.
Revisaba con mi pequeño hijo el fin de semana cuántos libros ya había leído. Siete, sí, cuando el promedio en México es de 2 libros por habitante (y es mucho, creo). Un sábado nos encontrábamos leyendo en la sala, juntos (como no podremos estarlo toda la vida), a un lado del Xbox que tuvo que esperar algunos días para compartir algunos minutos con nosotros.
El Xbox divierte, entretiene. El libro, como el Red Bull, te da alas.
De algo estoy seguro: la llegada de libros a la casa, de ahora en adelante, no parará.
Es una promesa.
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