miércoles 19 de octubre de 2011

Inyecciones de vida

Ayer me levanté -como todos los días- a las 4:40 AM.

Mi primer destino -también, como todos los días- fue el baño. Me puse mis chanclas, prendí la luz, abrí la llave del agua caliente de la regadera y -no como todos los días- me encontré un hermoso mensaje pintado en una de las 4 paredes del baño.

No reproduzco el mensaje porque al lector de este blog no le importaría leer qué me escribió mi compañera de vida o no le importará como me importa a mí.

Son inyecciones de vida que van directamente al corazón, al alma. Son detalles que inevitablemente hacen que sientas un nudo en el estómago.

Hay cosas, como dice el famoso comercial, que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, están las personas que hacen que la vida sea hermosa.

jueves 13 de octubre de 2011

La no eterna vida

Qué aburrida sería la vida si ésta fuera fácil.

Puse de pretexto un discurso de Steve Jobs para disfrutar más mis días y noches.

Suena cruel, pero el fundador de Apple propone pensar cada mañana que es nuestro último día vivos. ¿Cómo vivirías el último de tus días?

Buen pretexto para comenzar a vivir más seguido. Y me refiero a vivir de verdad.

Y hoy, gracias a Dios y para variar, me encantó abrir los ojos y estar vivo.

miércoles 12 de octubre de 2011

Mi dolor de garganta

Hoy, como nunca antes, desperté por un intenso dolor de garganta. Lo primero que hice, faltaba más, fue ir al cajón en donde se encuentran las medicinas para buscar algo que por el nombre o color me indicara que me aliviaría.

Encontré un Mesulid que, según yo, sirve como desinflamatorio. Me ayudó, es una gran ventaja ser hijo de médico.

Más allá de la molestia y de la despertada (4:35 AM, cinco minutos antes de que sonara mi alarma), el dolor me hizo recordar que estaba vivo.

Bendito dolor.

lunes 10 de octubre de 2011

Un día después

Qué feliz estoy -como de costumbre- por la hermosa familia que tengo.

Qué afortunado soy.

viernes 7 de octubre de 2011

Siete de Octubre

Hoy cumple años mi único hermano de sangre y mi tía Rosario, mejor conocida en la familia como "La Tía Chica".

Pocos, seguramente, de los muchos que la felicitaban se acordaron de la fecha. Debo presumir que estoy en la lista de los que sí le dijeron "felicidades" desde temprano.

Cuántas cosas no viví a su lado, cuántas risas, cuántas lágrimas. Un día se enfermó de cáncer sin darse cuenta; un día se sintió mal... un día se murió.

No sé qué pensaría de mí hoy, seguramente lo sabré cuando me muera y podamos platicar si es que tengo la suerte de alcanzarla. Seguramente baila con un vaso en la cabeza en donde está y ríe y ríe porque le es inevitable hacerlo, creo, como le era inevitable en la Tierra.

Un día como hoy, pero de 1984, nació mi hermano Enrique. Hoy comí con él y con mis padres que aún viven. Qué bien me la pasé, como hace muchos años no me la pasaba con ellos.

Un día como hoy, mi suegra estaba a dos días de parir a la mujer de mi vida.

Bendito Octubre.

jueves 6 de octubre de 2011

La inevitable muerte

La muerte.

La inevitable, odiada y hasta olvidada muerte.

Es la única cita a la que todos llegaremos, sin falta. Me declaro católico, pero no siempre seguidor de la iglesia. Confieso que creo que los muertos nos pueden escuchar y hasta ayudar. Podría asegurarles que tengo pruebas, pero no es así.

Los seres humanos, ingratos por naturaleza, nos olvidamos de los que ya se fueron. Tal vez porque algún día los alcanzaremos y así podrán reprocharlo en nuestra cara.

Pretextos, pues.

Justo ayer, cuando cenábamos, mi compañera de vida y este tecleador platicábamos, negándonos a pensar que esa fecha llegará, sobre la muerte de familiares.

Qué duro, horrible y hasta desesperante debe ser perder a un ser amado.

Alguna vez, mi padre me contó que un colega suyo había perdido a sus padres, esposa e hijo. Todos en diferente fecha. Toda ausencia duele, pero según mi padre, su amigo doctor le confesó que ningún dolor se compara con la muerte de un hijo.

Muchos me han comentado que "Dios no te pone pruebas que no puedas superar".

Quién sabe.